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¡Salud digestiva!

Alimentación - digestión - absorción - evacuación.

Cuando pensamos en comer, pensamos en lo que nos apetecería tomar. Cuando vamos de comprar al mercado o supermercado, lo solemos hacer con el estomago vacío, con apetito y con ganas de comer. El resultado siempre es el mismo: no compramos lo que el organismo necesita sino lo que nos “entra por el ojo” o lo que esta de oferta.

Confundimos la alimentación nutritiva con la degustación sabrosa… y nos dejamos llevar por la tentación. El resultado: nuestro organismo no recibe lo que necesita y así se crean carencias nutritivas, y le metemos demasiado de lo que ya le sobra y así se crean excesos acumulados en grasa corporal.

Además ni sabemos lo que necesitaríamos, nadie nos lo dice, y ni los “expertos” se ponen de acuerdo. Nos falta información sobre los alimentos, las combinaciones y unas recetas sabrosas y saludables para disfrutar del cambio.

El sistema digestivo también se ve afectado por ello, porque comemos sin concepto y desorganizado. Vamos a aclarar los puntos más importantes.

Primero: El sistema digestivo es un tubo abierto por dos lados: la boca y el ano. Solo lo que se absorbe desde este tubo hacía nuestra sangre, entrará dentro de nuestro organismo. El resto se excretará con las heces. Si esta absorción se realiza con eficacia, dependerá de la digestión, de la mucosa y de la flora intestinal.

Segundo: La digestión empieza en la boca. Masticando y ensalivando bien lo que nos acabamos de meter en la boca (hay que contar mínimo hasta 15, ¡mejor hasta 30! con cada mordisco…), preparamos el alimento para la siguiente etapa, el estomago (que no tiene dientes…).

Tercero: En el estomago actúa el jugo gástrico sobre el “bolo alimenticio”, un líquido muy ácido que empieza con la digestión y ayuda a eliminar cualquier microorganismo (bacterias, virus, parásitos) que puede haber llegado hasta aquí. La duración de la digestión es distinta según el alimento. Los carbohidratos (fruta, verdura, patata, pasta, pan, cereal, etc…) tardarán menos tiempo, la proteína (carne, pescado, huevo, embutidos…) unas 2-4 horas y la grasa es la que estará más tiempo, entre 6-7 horas.

Cuarto: En la siguiente parada, el intestino delgado, sigue el proceso de la digestión con ayuda de la bilis y el jugo pancreático, neutralizando el ambiente ácido y actuando con sus enzimas digestivos sobre el “quimo”. Según el avance de la digestión se inicia la absorción de los nutrientes a través de la mucosa intestinal.

Quinto: Los nutrientes absorbidos viajan con la sangre hacía el hígado, donde la sangre es purificada e depurada de sustancias tóxicas y nocivas para nuestro organismo. A partir de aquí se reparten los nutrientes vía sanguínea hacía todas las células de nuestro cuerpo para alimentarlas adecuadamente.

Una buena digestión favorece también una buena absorción y aprovechamiento de los nutrientes para una alimentación celular óptima.

Sexto: Mientras tanto, el quimo ha seguido su camino hacía el intestino grueso, donde nuestra flora intestinal completa el proceso de digestión de los restos de alimentos, lo que nos puede ocasionar flatulencias según el tipo de flora que esta actuando. El proceso digestivo se acaba con la excreción de las heces por el ano. Una evacuación regular, a diario, ayuda a mantenernos sanos. En el caso de estreñimiento el cuerpo sigue absorbiendo agua de las heces durante su viaje por el colón, y con ello las toxinas ¡destinadas a la excreción! Así volverían al torrente sanguíneo reanudando el ciclo y obstruyendo nuevamente el organismo.

La flora intestinal también forma parte de nuestro sistema inmune. Los microorganismos que pasan por el tubo digestivo, estimulan a los linfocitos B del sistema inmune para producir anticuerpos (defensas), que a posteriori evitan el paso de bacterias y virus hacía la sangre y nos protegen de una infección.

La flora esta compuesto por más de 100 millones de bacterias, de 400 especies diferentes, intentando de mantenerse en equilibrio. Cuando se desequilibra, puede causar en el proceso de la digestión los típicos problemas intestinales como flatulencias, hinchazón abdominal, digestión pesada,  dolores, diarrea o estreñimiento. También el tratamiento con antibióticos afecta negativamente a la funcionalidad de la flora. En todo caso sería muy aconsejable después de la toma de un antibiótico restaurar la flora con un preparado de probióticos, durante unos 10-14 días, para regular la flora dañada.

Con unos hábitos alimenticios sanos y una dieta equilibrada favorecemos una buena digestión, absorción y nutrición de nuestro organismo.

¿Como serían estos hábitos?

Los conceptos de una dieta natural y nutritiva son los siguientes:

  • Beber suficiente agua antes de las comidas para hidratar el cuerpo y no durante de ellas, lo que enlentece la digestión.
  • Tomar los alimentos y bebidas a temperatura natural o más caliente, para no influir en la temperatura del estomago, que trabajo a 40º.
  • Masticar y ensalivar muy bien todos los alimentos, para iniciar el proceso digestivo, sobre todo el de los carbohidratos, en la boca.
  • Tomar la fruta (que contiene fructosa = glucosa) siempre entre o antes de las comidas y no después, para que pueda pasar rápidamente por el estomago (vacío) y llegar al intestino delgado donde sigue con el proceso digestivo.
  • Empezar cada ingesta con un plato a base de vegetales crudos, como ensalada, gazpacho, licuados naturales, crudités, etc… para estimular los jugos gástricos y aportar vitaminas, minerales y enzimas al organismo.
  • Aportar muchos colores al plato, para aportar variedad de fitonutrientes diferentes, relacionados con el color de cada alimento.
  • Añadir productos fermentados (=prebióticos) a la dieta, en forma de pickles fermentados, miso-no pasteurizado, chucrut, tempéh, etc…
  • Organizar el segundo plato a base de vegetales (¡colores!), con un aporte de carbohidratos (cereales integrales, patata, pasta, etc. = sin color) otra parte de proteína, tipo tofu, seitan, legumbre o huevo, queso, pescado, etc…, aliñando con grasa saludable como aceites de primera presión en frío, semillas, frutos secos o aguacate. Preferiblemente no mezclar la proteína animal (carne, pollo y pavo, pescado, etc..) con los carbohidratos, ya que esta mezcla estimula el páncreas (fabricación de insulina) al máximo y a lo largo lo agotará, aumentando el riesgo de una diabetes.
  • Dar preferencia a los cereales integrales por su mayor aporte en fibra, vitaminas y minerales. Ir variando entre el arroz integral, la quinoa, el amaranto, el trigo sarraceno, el mijo, la polenta, el couscous de espelta o quinoa, la pasta de arroz, de soja, de maíz, de espelta, de kamut, de quinoa, etc…
  • Terminar una comida con el aporte de proteína, para que pueda seguir su curso digestivo en el estomago sin interrupción (¡sin postres, que aporten azucares!).
  • Tomar el “postre” fuera de las comidas, para que su azúcar contenido (fructosa, lactosa, glucosa) pueda pasar rápidamente por el estomago vacío y llegar al intestino delgado, sin interferir en otros procesos digestivos.
  • No acompañar las comidas con refrescos ácidos o azucarados, por la misma razón: interrumpe la digestión proteica.
  • Ayudarse en la digestión con una infusión digestiva herbal, tipo camomila, menta, hinojo, comino, melisa, anís verde o estrellado.
  • Utilizar maneras de preparación respetuosas para que conserven al máximo los ingredientes, como el vapor, el horno, el wok, el papillote. No abusar de la preparación de fritos.
  • No quemar el aceite. Cocinar a temperaturas medianas y bajas, lo más recomendable sería por debajo de 110º.
  • Comer algo cada 2-3 horas, tomarse tiempo para las comidas y disfrutarlas, organizar las comidas a horas regulares y hacer la cena lo antes posible, para llegar a la cama con un estomago vacío, lo que favorecerá el descanso.
  • Llevarse una merienda a base de fruta fresca, frutos secos crudos, fruta desecada biológica, tortitas de cereales, etc. para no hacer uso de la bollería y otros productos refinados y azucarados.

¡Buen apetito y mucha salud!